viernes, 7 de diciembre de 2007

EL CASO PENJEREK



En el mes de julio de 1962, a solo tres meses de haber asumido el gobierno provisional el Dr. José María Guido, fue encontrado en un descampado de Lavallol, Provincia de Buenos Aires, un cadáver en avanzado estado de descomposición, que tardó varios días en ser identificado. Finalmente se supo que la víctima era Norma Mirta Penjerek, una joven de 16 años que vivía en el barrio de Flores en la Capital Federal. Sobre este crimen se tejieron infinidad de hipótesis pero nunca se encontró al o los asesinos. Entre los probables implicados en este homicidio figuraba Pedro Vecchio, un comerciante propietario de una zapatería en Florencio Varela que fuera delatado por María Sisti, una muchacha de 23 años con un voluminoso prontuario por prostitución. El caso permaneció mucho tiempo en la portada de los diarios pero las noticias sobre los serios conflictos políticos y militares que se sucedían en el país, enterraron definitivamente el caso y pasó al olvido.
Con el título de Caso Penjerek existe un libro muy bien documentado del escritor y periodista Esteban Dómina del cual extraigo unos párrafos:
Dado el avanzado estado de descomposición en que se hallaba, no fue posible practicar la identificación visual del cadáver, por lo que se retiraron algunos restos de piel de los dedos de la mano para enviarlos al gabinete dactiloscópico. Algunas versiones periodísticas consignaron que para llevar a cabo esa diligencia le fueron amputadas las manos al cadáver. La compleja pericia estuvo a cargo de Enrique Ducci, quien encontró dieciocho puntos de coincidencia entre las huellas cotejadas, muchos más de los que la ley admitía como suficientes para acreditar la identidad de una persona.”
Cito este comentario porque por aquella época, trabajaba yo en la sección identificaciones de la Policía Federal como Auxiliar Dactilóscopo de 5ª y solía visitar por interés profesional a los colegas del gabinete dactiloscópico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que estaba en el Departamento Central de Policía de La Plata. Allí conocí al Comisario Vieytes a cargo de la sección y al subcomisario Enrique Ducci. Ambos eran apasionados por esta ciencia de la identificación mediante las huellas digitales y además de conservar un voluminoso archivo de fichas decadactilares (impresión de los diez dedos), poseían un completo archivo monodactilar (impresión de un solo dedo) que por aquellos tiempos, la Policía Federal lo tenía incompleto.
Como bien dice el periodista Esteban Dómina, efectivamente le fueron apuntadas las manos a la víctima para poder reconstruir en el laboratorio, los relieves digitales de las papilas. Ambas manos estaban conservadas en una sustancia líquida dentro de un frasco de vidrio. El minúsculo tejido papilar con el que pudieron identificar a Mirta Penjerek, fue cuidadosamente manipulado para obtener una impresión fotográfica y cotejada con la ficha decadactilar que la policía tenía en su poder de las personas denunciadas como desaparecidas. Por principio, no existen dos personas en el mundo que tengan las mismas huellas dactilares porque en el caso de haberlas, se derrumbaría todo el sistema de identificación dactiloscópica. Las huellas digitales tienen una serie de pequeños dibujos de formas muy específicas todas ellas clasificables (puntos característicos) y la coincidencia de los mismos entre la impresión obtenida de la víctima y la original guardada en los archivos, es lo que confirma la identidad.
El hecho de haber encontrado 18 puntos característicos en ese cotejo era por demás suficientes para determinar la verdadera identidad ya que se admitía como identificación fehaciente, la concurrencia de 11 puntos característicos.
Como dato curioso, muchos meses más tarde llegó a mi mesa de trabajo la ficha dactiloscópica de una mujer que había sido detenida por “Escándalo 2º H”, (en el antiguo edicto policial se reprimía con el artículo 2º inciso”H” el incitar en público al acto carnal) y que resultó ser María Sisti, aquella que había denunciado falsamente a Vecchio. En el reverso de su ficha donde figuran los datos de filiación original, se anotan además, los nombres falsos, supuestos o alias con que se identifican al ser detenidas. En la ficha de María Sisti no había más lugar donde escribir de tantos nombres supuestos que había allí anotado y solo su oficio se mantenía invariable, la de modista, profesión que siempre declaraban las prostitutas cuando eran detenidas.




1 comentario:

Sandy dijo...

Segun una fuente consultada considero que el cuerpo encontrado en el descampado de Llavalol no pertenecería a Norma Mirta Penjerek, dado que el tejido tisular del mismo, se hallaba en avanzado estado de descomposición. Tampoco coincidían la edad (la NN encontrada era de unos 25-30 años), el color de los cabellos de la occisa (sería rubio y no castaño como los de Norma). Bien podría haber pasado que dada la presión de los padres de Norma, la de los medios de comunicaciòn de la època,en especial y otras no identificadas aún, se concluyò de manera errònea que aquella infortunada NN era esa chica. La fuente que he consultado es seria y me realtò que Norma tuvo que ser enviada fuera del país porque quien iba a asesinarla "por encargo" se arrepintiò y que la salida negociada de Norma, a travès de Paraguay y de Brasil tuvo como motivo la ira que el comando israelí desatò en nazis alemanes y criollos argentinos, como los que integraban Tacuara,
cuando secuestraron al Grl Adolph Eichmann, quien vivía en Virreyes (Partido de San Fernando. Se dice que Enrique Penjerek, padre de Norma ademàs de trabajar como chofer del Secretario de Hacienda de la MCBA, sabía muchos secretos, entre ellos el paradero de Eichmann y que habría colaborado en secreto con los israelíes, tal vez por una buena suma de dinero; que habría utilizado a Norma para proveer de viandas a los integrantes del comando israelí... En fin, como escribiò alguna vez Enrique Sdrech: Norma Penjerek ¿viva o muerta? Sandy Cummings