jueves, 16 de octubre de 2008

JUGAR A LAS FIGURITAS











Cuando uno recuerda de que manera pasábamos la tarde después del cole, entre la taza de Toddy, el pan francés untado con mateca y azucar, los deberes y la vereda para jugar, tiene la sensación de haber vivido en otro planeta.
A esta generación digitalizada tecnológicamente se opone aquella otra ingenua y artesanal como sus propios juegos porque el balero, las bolitas, el yo-yo, el rango y mida, la pelota y las figuritas, se curtían en la vereda del barrio y no sentados en compartimientos estancos de un ciber.
Durante el año había temporadas para cada juego así que por momentos predominaba el balero con su bocha adornada de abundantes tachuelas, las bolitas que rodaban hacia el pequeño hoyo en la tierra que con un soplido lo limpiábamos y pasábamos la palma de la mano a su alrededor para quitar cualquier basurita como si se tratara de una cancha de bochas o las figuritas de cartón con los rostros de artistas, jugadores de futbol y los campeones del automovilismo.



El único juego que no tenía temporadas era el de la pelota. Cualquier ocasión era buena para armar un equipo, formar montículos con ladrillos, latas o lo que tuviéramos a mano para marcar la boca del arco y disponernos a jugar un picado en el potrero.



Todo era más ecológico como diríamos hoy incluyendo una pared, aquel trozo de muro preferentemente de revocado fino que hiciera un ángulo limpio con la vereda para poder jugar a las figuritas que venían de a cinco en pequeños sobres de papel y aparte el album para coleccionarlas. Las hubo troqueladas en forma circular, oval y rectangular pero algunos recordarán las de metal también conocidas como “chapitas”.
El premio para quien lograra llenar el álbum era casi siempre una bicicleta o un par de patines pero para mantener un ritmo de venta el fabricante omitía incluir a determinados jugadores en la colección o lo hacía cada tanto de manera que en el afán de conseguir “las dificiles”, aquellas que permitieran completar el album, nos obligaba a comprar más o conseguirlas jugando.
Había un placer casi sensual al manipular la pila de figuritas para contarlas y saber cuanto era nuestro capital, haciéndolas deslizar con el pulgar de una mano a la palma de la otra destacándose claramente las nuevas de las gastadas por el constante ajetreo de un jugador a otro.
Y el desafío era como jugar al poker, teníamos la esperanza de ganar más figuritas arriesgando muchas veces las pocas que poseíamos y con el agregado de hacernos con aquellas difíciles que al final nuestro contrincante tenía que largar sin más remedio ante su mala suerte.
La "tapadita"” era una manera de jugar pero por lo general había que tener más figuritas que jugando al "revoleo". El primero era un juego simple, solo había que apoyar la figurita contra la pared a un metro del suelo, soltarla y a medida que el piso se llenaba con ellas había más posibilidad que una cayera sobre otra tapándola parcial o totalmente, condición para ganar la partida y llevarse todas. La caida dependía muchas veces de alguna tenue brisa que cruzaba la zona de juego con lo cual el jugador tomaba sus precauciones para desplazar el punto de lanzamiento más a la derecha o la izquierda intentando una tapadita certera.
La otra modalidad de juego consistía en ponerse a una distancia de la pared acordada entre los jugadores que podían ser más de dos a diferencia de la "tapadita" y cada uno a su turno lanzaba su figurita. El que conseguía arrimarla más cerca de la pared tenía la prioridad de recogelas y revolearlas hacia arriba y al caer, las que quedaban con la imagen hacia arriba (cara), pasaban a ser de su propiedad y las que quedaban hacia abajo (seca) eran recogidas por el siguiente jugador que hacía lo mismo. El turno para revolearlas dependía del orden con que se habían aproximado las figuritas a la pared. Pero si alguno de los jugadores al iniciar la partida hacía un "espejito", es decir, conseguir que la figurita quedara parada sobre la vereda y apoyada contra la pared, tenía la prioridad de revolearlas.
Maneras simples, ingenuas y emocionantes de pasar la tarde sin joystick ni gamepad.

1 comentario:

Maria Rosa dijo...

Quien pudiera volver!! 70 años, en el recuerdo!! Gracias