miércoles, 2 de enero de 2008

VENIMOS DE OTROS TIEMPOS

Entre las pocas amistades que poseo, tengo el honor de conocer a una artesana uruguaya de espíritu sensible a toda manifestación humana, la cual me envió una crónica de un autor desconocido que sintetiza el espíritu de este blog. Dina Acosta, que así se llama mi amiga, encabezó su correo con estas palabras:

PARA LOS NOSTÁLGICOS, PARA LOS QUE VALORAN LAS PEQUEÑAS COSAS, PARA LOS QUE NO QUIEREN APARTARSE DE LO QUE FUE PARTE DE SU VIDA...

Antes de transcribirme la crónica, Dina agregó este cometario: Lamentablemente no tengo el nombre del autor de ésta nota, pero me hubiera gustado mucho felicitarlo, porque con algunas diferencias, me siento reflejado.
Si no entendés nada o te aburre lo escrito abajo, es que sos muy joven, entonces, hacele feliz el día a tus viejos y dale a leer este magnífico artículo.
NOTA: Hoy 30 de abril de 2009 Dina me confirma que el autor de la nota es nada menos que EDUARDO GALEANO .


VENIMOS DE OTROS TIEMPOS
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises. Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces. ¡Nos están jodiendo!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. ¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de........... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo". Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.Le dábamos crédito a todo.Sí. ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos. ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo Guardábamos! Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía "éste es un 4 de bastos". Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Tómese el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡No lo voy a hacer!Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano...y sea yo el entregado.

domingo, 30 de diciembre de 2007

LOS ASALTOS...

...que no eran a mano armada, fueron aquellas reuniones bailables que se hacían en la propia casa o en la de los amigos los sábados a la noche o los domingos por la tarde. Como requisito indispensable, había que asistir provisto de alimento comestible o bebestible a saber: sándwiches de miga, bizcochuelo que hacía la vieja, empanadas, chips (que eran unos pancitos muy pequeños medio dulzones) y bebida no alcohólica como la Bidú (la de la botella de vidrio verde), naranja Bilz, Pomona, Naranja Crush (la de la botellita con anillos apilados como el personaje de neumáticos Michelín) y cuando hacía mucho calor, un concentrado con sabor bastante lejano a la coca cola que se diluía con soda.
El infaltable tocadiscos Wincofón conectado a un sistema de amplificación muy rudimentario, reproducía los discos de vinilo y pasta (78, 45 y 33 rpm) que iban desde un rock and roll interpretado por Bill Halley y sus cometas, Elvies Presley, Los Plateros, Smith y sus Pelirrojos pasando por orquestas argentinas como la de Panchito Cao, Edie Pequenino o la Porteña Jazz Band, mechadas con las originales y más antiguas de Bix Beiderbecke o Louis Amstrong. El tango había logrado sobrevivir a esta avalancha de ritmos y no podían faltar algunos temas de Juan D´Arienzo y de Osvaldo Fresedo con su Re fa si o Vida Mía, cantado por Héctor Pacheco. Digamos que se trataba de una amplia variedad de ritmos que bailábamos apretaditos y daba pie para la franela. Los padres solían dar una ojeada cada tanto para controlar que el bailongo se llevara a cabo dentro de las pautas de comportamiento que regían por los años 50 y en general, la reunión siempre se hacía con los mismos amigos y se organizaba con uno o dos días de anticipación. Es probable que estas reuniones tengan su antecedente en las tertulias y bailes que las familias de pro hacían en sus casas en la antigua Buenos Aires colonial, donde el mate pasaba de mano en mano acompañados de pastelitos, mientras los valses y cielitos eran interpretados en piano y a veces, acompañado de guitarra.

lunes, 10 de diciembre de 2007

PURO HUMO

¿Quien no llegó a fumar a escondidas un cigarrillo cuando éramos chicos y después, comer un paquete de pastillas de menta Trineo (las ovaladas) o las súper mentoladas Billiken para que no nos sintieran el aliento?
Yo empecé probando un Gavilán que era un verdadero petardo y terminé fumando un paquete y medio por día hasta que dejé el cigarrillo 30 años más tarde. Haciendo memoria, que es el ejercicio que propone este blog, apunté una lista de marcas donde seguramente se me ha escapado alguna pero más de uno hará una exclamación al leerlas y de paso, recordarles que con el papel de las marquillas, solía hacerse -plegándolas convenientemente - algo parecido a un cinturón. Para completar y como dato anecdótico, vale la pena mencionar que Gloster, fue el primer cigarrillo con filtro fabricado en Argentina en el año 1960. Y aquí va la lista y si recuerdan otras, me las envían y las agrego.

Belmont, Comander, Fontanares, Particulares, Colorado, V.O., Clifton, Pall Mall (argentinos), Noblesse, Via Apia, Gálaxy, Gavilán, 43, Le Mans, Gloster, Jaguar, Dorados, Individuales, Kin George, Jockey Club, HF, Imparciales, Simplex, Colt, Chesterfield (argentinos), Laponia, Alaska, Saratoga, 43/70, Big Ben, Shelton, Conway, Vanguard, Essex, Paddock, Splendid, Legales, Cumberland, Reval, Bilmore, Derby, Filadelfia, Arizona, Fitzroy, Parisien, Tradicionales, Florida, Benson and Hedges, Cápitol, West, L&M (argentinos), Sportsmen, R6 (argentinos), Ducados (argentinos),John Player Especial (argentinos), Phillip Morris (argentinos), Master, Parliament (argentinos), Lucky Strike (argentinos), Camel (argentinos), Douglas, Brooklyn, Collins, Boston, Gold Leaf (argentinos), Viceroy (argentinos), Kent (argentinos)

domingo, 9 de diciembre de 2007

LA REVISTA DIBUJANTES

En los años 50 la televisión recién hacía sus primeros palotes y la radio era la reina de los hogares argentinos. Sin embargo, el público se rodeó de héroes y personajes de historietas que aparecían semanalmente en revistas como Patoruzú, que para fin de año editaba un voluminoso número especial, Rico Tipo, Patoruzito, Intervalo, Rayo Rojo y personajes tan recordados como Falluteli, Bómbolo, Purapinta, Piantadino, Pochita Morfoni, El otro yo del Dr. Merengue y otros que seguramente muchos recordarán.
Pero también hubo una revista que se ocupó de estos grandes maestros de la historieta, que se llamó Dibujantes, cuyo creador fue Osvaldo Laino. En ella se publicaban reportajes, técnicas y también se le daba la posibilidad a los futuros historietistas de publicar sus trabajos. Recuerdo uno especialmente que en el primer cuadro se veía a un preso picando piedras en el penal con su clásico uniforme de presidiario. En el próximo , el personaje salía en libertad mostrando con gran alegría el indulto. Luego buscaría trabajo y terminaría en el último cuadro, picando piedras en la calle. Esa tira estaba firmada por un aficionado a la historieta que luego se haría famoso: Joaquín Lavado, Quino.
Para los que estén interesados en profundizar en el tema de la historieta les recomiendo los siguientes Blogs colegas:

viernes, 7 de diciembre de 2007

EL CASO PENJEREK



En el mes de julio de 1962, a solo tres meses de haber asumido el gobierno provisional el Dr. José María Guido, fue encontrado en un descampado de Lavallol, Provincia de Buenos Aires, un cadáver en avanzado estado de descomposición, que tardó varios días en ser identificado. Finalmente se supo que la víctima era Norma Mirta Penjerek, una joven de 16 años que vivía en el barrio de Flores en la Capital Federal. Sobre este crimen se tejieron infinidad de hipótesis pero nunca se encontró al o los asesinos. Entre los probables implicados en este homicidio figuraba Pedro Vecchio, un comerciante propietario de una zapatería en Florencio Varela que fuera delatado por María Sisti, una muchacha de 23 años con un voluminoso prontuario por prostitución. El caso permaneció mucho tiempo en la portada de los diarios pero las noticias sobre los serios conflictos políticos y militares que se sucedían en el país, enterraron definitivamente el caso y pasó al olvido.
Con el título de Caso Penjerek existe un libro muy bien documentado del escritor y periodista Esteban Dómina del cual extraigo unos párrafos:
Dado el avanzado estado de descomposición en que se hallaba, no fue posible practicar la identificación visual del cadáver, por lo que se retiraron algunos restos de piel de los dedos de la mano para enviarlos al gabinete dactiloscópico. Algunas versiones periodísticas consignaron que para llevar a cabo esa diligencia le fueron amputadas las manos al cadáver. La compleja pericia estuvo a cargo de Enrique Ducci, quien encontró dieciocho puntos de coincidencia entre las huellas cotejadas, muchos más de los que la ley admitía como suficientes para acreditar la identidad de una persona.”
Cito este comentario porque por aquella época, trabajaba yo en la sección identificaciones de la Policía Federal como Auxiliar Dactilóscopo de 5ª y solía visitar por interés profesional a los colegas del gabinete dactiloscópico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, que estaba en el Departamento Central de Policía de La Plata. Allí conocí al Comisario Vieytes a cargo de la sección y al subcomisario Enrique Ducci. Ambos eran apasionados por esta ciencia de la identificación mediante las huellas digitales y además de conservar un voluminoso archivo de fichas decadactilares (impresión de los diez dedos), poseían un completo archivo monodactilar (impresión de un solo dedo) que por aquellos tiempos, la Policía Federal lo tenía incompleto.
Como bien dice el periodista Esteban Dómina, efectivamente le fueron apuntadas las manos a la víctima para poder reconstruir en el laboratorio, los relieves digitales de las papilas. Ambas manos estaban conservadas en una sustancia líquida dentro de un frasco de vidrio. El minúsculo tejido papilar con el que pudieron identificar a Mirta Penjerek, fue cuidadosamente manipulado para obtener una impresión fotográfica y cotejada con la ficha decadactilar que la policía tenía en su poder de las personas denunciadas como desaparecidas. Por principio, no existen dos personas en el mundo que tengan las mismas huellas dactilares porque en el caso de haberlas, se derrumbaría todo el sistema de identificación dactiloscópica. Las huellas digitales tienen una serie de pequeños dibujos de formas muy específicas todas ellas clasificables (puntos característicos) y la coincidencia de los mismos entre la impresión obtenida de la víctima y la original guardada en los archivos, es lo que confirma la identidad.
El hecho de haber encontrado 18 puntos característicos en ese cotejo era por demás suficientes para determinar la verdadera identidad ya que se admitía como identificación fehaciente, la concurrencia de 11 puntos característicos.
Como dato curioso, muchos meses más tarde llegó a mi mesa de trabajo la ficha dactiloscópica de una mujer que había sido detenida por “Escándalo 2º H”, (en el antiguo edicto policial se reprimía con el artículo 2º inciso”H” el incitar en público al acto carnal) y que resultó ser María Sisti, aquella que había denunciado falsamente a Vecchio. En el reverso de su ficha donde figuran los datos de filiación original, se anotan además, los nombres falsos, supuestos o alias con que se identifican al ser detenidas. En la ficha de María Sisti no había más lugar donde escribir de tantos nombres supuestos que había allí anotado y solo su oficio se mantenía invariable, la de modista, profesión que siempre declaraban las prostitutas cuando eran detenidas.




jueves, 6 de diciembre de 2007

LOS COREANOS


En 1950, la Policía Federal Argentina, para sistematizar los Cursos de Sargentos, Cabos y Agentes, los Preparatorios de Agentes masculinos y femeninos y el Cuerpo de Aspirantes a Agentes de Decreto 18.231/50 (conscriptos), creó la Escuela de Personal Subalterno. Ante la carencia de aspirantes a las filas, el 31 de agosto de ese año el Poder Ejecutivo Nacional promulgó el citado Decreto 18.231, mediante el cual se autorizaba la incorporación de agentes conscriptos, para aquellos que tuvieran 19 años cumplidos y antes de ser sorteados para el Servicio Militar Obligatorio. Los primeros 500 se incorporaron el 28 de diciembre de ese año. Hasta 1975 pasaron por la Institución un total 60 mil agentes, internamente llamados “coreanos”, por coincidir en los años 50 con el conflicto interno de esa nación asiática y difundir el rumor que la Argentina enviaría tropas. A algunos de estos jóvenes, hasta la Jura de la Bandera, se les daba instrucción en la Escuela del Personal Subalterno en Villa Lugano y a otros en el Cuerpo de Policía de Transito.
Texto original de la web de la Policía Federal

domingo, 2 de diciembre de 2007

VAGÓN COMEDOR


Para los nostálgicos que peinan canas, seguramente recordarán que allá por el año 1958, los trenes que hacían el trayecto Constitución-La Plata llevaban vagón comedor. La mayoría de los pasajeros eran abogados, escribanos, funcionarios administrativos y personal vinculado a la universidad. Los estudiantes rara vez ocupaban un asiento en este vagón porque un café o un café con leche con tostadas y manteca no estaban al alcance de nuestros bolsillos.